Letras a Maduro

“Llega demasiado tarde”, diría tal vez Bolívar al presidente mediador Zapatero si en estos días aciagos para la patria el general levantase la cabeza. “Aquí no queda nada, ya todo se fue al carajo, amigo mío. ¿Bolivarista, ese tal Maduro? ¡Dios de los pobres! ¡Ese tipo no quiere a nadie, carajos!”. Hágaselo ver, señor Maduro. “El pueblo en estos casos no se engaña”, enarboló en su conciencia el general, que ésta nunca se muere. “Usted se dice cambiando el mundo, pero está perpetuando el pensamiento más atrasado”, acaso le reprochara a su señoría en esos cuarenta quilos con que dejó este mundo, pobre cuando nació rico. Y si así no fuera, háganos el favor a los demás, ¡demonio de los pobres!, y dimita, presidente, no cause más dolor, no zahiera más ya el corazón y el estómago de sus gentes, no engorde más ya la deuda de su país en tanto que medra su estómago y su familia. Hágale caso al general, aunque sólo fuera de últimas, al mismo prócer de una patria común que usted dice representar cuando no hace sino dar la espalda. Quizá y sin quizá usted piense que estas letras son inmisericordes y extranjeras. De acuerdo. A riesgo de faltarle al sano respeto, y aunque usted no se haya ganado todavía el mío, gane en el intento de imaginar al general en su postrimería, hágase la luz sobre su exigua voz de muerto en vida repitiendo a algún amigo de verdad que “más vale un mal acuerdo que mil pleitos ganados”. No me haga caso a mí que yo, en su soberbia, tampoco lo haría. “¡La pinga!”. Hágale caso a él e imagínese por un instante que le mira en pánico y descorazonado: “Aborrezco a la deuda más que a los españoles; la deuda terminará derrotándonos”. Y yo le pregunto, en retórica ¿Acaso usted no ve que hoy, viviendo sobre un mar de petróleo, con el arco minero del Orinoco en la mira de los buitres internacionales y la ninguna diversificación de las fuentes de riqueza en su país, la gran asignatura pendiente desde siempre, usted sigue desarrollando su nación rentista sólo en el gran bolsillo de su nefasto régimen…?… Con la preparación de su excelencia y el morro que le echó el difunto Chávez, la deuda venezolana ha superado en 10 veces las reservas de su país; la deuda interna se paga con inflación, la más alta del mundo; o sea, la paga ese pueblo llano del que usted se dice adalid, al tiempo que la deuda externa es pagada en dólares al verdadero propietario de Venezuela: China. Con otras palabras: el Partido Bolivariano de Venezuela se ha cargado ya a varias generaciones de venezolanos. Sea generoso como Bolívar  lo fue, carajos, y saque a sus presos políticos de las cárceles en un ya está y se acabó y punto final. Salga de su cuartel y permita que Diosdado Cabello se siente en el banquillo de los acusados, si es tan valiente, que demandas no le faltan (según la revista Forbes, en su edición especial de 2015, es el billonario más acaudalado del planeta: “285 billones* de dólares mal habidos”). Deje de crear empresas militares. ¡Ciérrelas! Destituya a sus diez ministros de armas tomar. Anule los favores vitalicios a la esnob familia Chávez, que ya se robó todo lo que había de rico en el país. Estudie un curso acelerado de matemática elemental, al menos para poder contar lo que a usted, a su familia y a sus generales les queda. Y cuenten lo que dejan al pueblo: sin medicinas, sin alimentos básicos, sumido en una insoportable situación de violencia generalizada. Se lo dice un hombre humilde pero no tanto, un inscritito en Podemos, un pinche vasco de corazón absurdo y universal, de sueños larvados que nunca nacerán porque gente como usted se encargan de sacarlos de cuajo. Permita que todos los que en verdad “quieran dar la batalla por Venezuela alisten sus corotos”. Tal vez “su caletre no le dé para mirar más allá de las fronteras coloniales”. Disculpe si es capaz esta nueva grosería, pero sé que se equivoca de arriba abajo. Sé que lo hace cuando cierra fronteras con su vecina Colombia, haciendo, usted sí, más difícil el sueño ingenuo y anacrónico del general. Que hoy su persona no se presenta ni de lejos ante el general Bolívar sino más bien ante el general Santander. Que hoy el presidente Santos no es como el “truchimán” aquel que traicionó al general, sino un estadista que se acerca más a un Bolívar vivito y coleando en su espíritu. “El día que yo me muera repicarán las campanas en Caracas” –dijo ese tal Bolívar que le cubre las espaldas en sus mítines de cafetín-. O demasiado me equivoco o esto nunca podrá decirlo su excelencia llegado el caso. Antes bien, de seguir así, su gente podrá replicar: “El opresor de la patria, la tea de la anarquía, ha dejado de existir, lo que sin duda ha de producir innumerables bienes a la causa de la libertad y la felicidad en el país”, letras célebres para algunos, terroríficas a los demás, que escribiera el entonces gobernador de Maracaibo al general. Deje de cavar su propia tumba con cuchara de plata. Yo no me escondo en la distancia, señor presidente. Usted puede ver mi jeta en el diario “Últimas noticias”, Caracas, 19 de septiembre de 1994, página 14, frente al Panteón Nacional, luego de haber recorrido la América de los sueños del general desde Tijuana a la Tierra del Fuego con un lema pintado en el carro que quién sabe si a usted le sonará algún día siquiera en el infierno: “Para la unidad de los Pueblos”. “Me he perdido en un sueño buscando algo que no existe” -dígase a usted mismo como Bolívar lo hizo en su dolor- “en todo caso, el equivocado soy yo”. Sea hombre, carajos, y hágase a un lado de la historia, que nada ni nadie le pertenece más que su alma y su honra. Deje en paz al pueblo, que “no se ganan dos carreras al mismo tiempo”, qué no y qué no, la de su cordura y la de su honor. Deje al general tranquilo en su panteón, que ya su espíritu está suficientemente “cansado, desengañado y mal pagado”. Que sí y que sí, que cualquier decisión contraria a estos mis consejos gratuitos no sería sino otra “pingada” más de un presidente acabado que juega a ser prócer encimado en su corcel de marfil.

 

*Un billón en Estados Unidos son cien mil millones en España.

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~ por Iñaki Etxebarria en 21, noviembre 2016.

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