Las mentiras del capitalismo

¡Apáguese la luz para mil asesinos poderosos!

Y la luz tendría que apagarse.

¡Hágase la luz sobre siete mil millones de inocentes!

Y la luz viene haciéndose…

Apagándose los tiempos en que el planeta estuvo en manos de falsos redentores, llegaron estos otros con que el capitalismo nacía como el heredero de una economía establecida sobre siglos de dominación. Los fundadores de la doctrina capitalista proclamaron “la supervivencia del más apto” pero practicaron ‘la preeminencia del más cruel’. Y no cejarán en su empeño. Y seguirán intentando convencernos de que “no es mal sino bien lo que la acumulación (de bienes materiales) ha producido para la raza…”. Pero nunca concretarán qué es eso de ‘la raza’, el modelo violento del que provino ‘su’ acumulación, por cuánto tiempo podrá sobrellevarse tan descomunal depredación, ni cómo habría de distribuirse, en justicia, una riqueza que en inteligencia es de todos los seres vivos o de nadie.

Hoy, en el contexto del derrumbe del tremebundo “socialismo real”,  el modelo económico neoliberal se ha vuelto indiscutido. Simplemente, se dice: “No hay otro”.

Así ha sucedido que el círculo del capitalismo se ha ido cerrando sobre sí mismo, hasta que en breve resultará engullido por la propia injusticia que conlleva, por la ninguna inteligencia que concede y por la terrorífica codicia de sus actores principales.

En la más cruda realidad, se está llevando la doctrina liberal a los dominios de un capitalismo esclavista, al dictado de la China de los nuevos mandarines, basado en la explotación de mujeres y niños desamparados, resultando en este capitalismo demente que hoy padecemos los ciudadanos corrientes de cualquier parte, eso sí, maquillado, evolucionado a la hora de solventar sus “crisis” con crueles parcheos, éste que nunca ha encarado las contradicciones de la economía de mercado en un mundo injusto.

A los menos críticos con este sistema económico les pregunto si el engañoso éxito del capitalismo está basado en las leyes de un mercado cuasi perfecto, ése que todo lo regula y equilibra por arte de birlibirloque, o en la miseria y la muerte de los excluidos de ‘su’ sistema. ¿Es únicamente la ley de la oferta y la demanda la que resuelve la economía mundial, o son las grandes potencias, con sus presiones militares, políticas y financieras, con barreras legales, burbujas y subsidios, las que determinan los precios de los bienes y los destinos de propios y extraños?… Les pregunto, sí, a ustedes, a los economistas vendegentes que traicionan al común de la ciudadanía desde su sofá por cuatro chavos: ¿Las crisis del sistema capitalista se dan como consecuencia de inexorables ciclos económicos o de sus propias contradicciones?… ¿Cómo se solucionan?… ¿Se resuelven en economía o se parchean con los clásicos “ajustes” para los de siempre?… A políticos y economistas cabezacuadrados les pregunto: ¿Es el capital el principal creador de riqueza en esta aldea global o lo son sus recursos humanos?… ¿Qué es más importante, la libre empresa, el “laissez faire, laissez passer” de los dineros o el de las gentes?… ¿Qué debemos hacer los demás cuando sabemos que la libertad de los capitales buitres va en detrimento de la libertad y la vida de las personas corrientes…?… ¿Sustituirán paulatinamente a los humanos por robots? ¿Son infinitos los recursos naturales o sólo los suyos a la hora de escapar de la verdad?…

Demasiadas contradicciones…

Y es que, aunque no se quiera reconocer entre los profesionales del quimerizar y del bien vendar, la economía de mercado sólo podría ser una disciplina realmente científica si el mercado funcionase en el interior de una verdadera democracia universal. Pero, ¡oh, dioses del cielo de los injustos, oh demonios del infierno de los justos!, ¡cuán lejote estamos de ello, tanto y tanto que nunca llegarán a verlo los biznietos de nuestros biznietos…!…

Por todo esto se debe inferir que el cinismo de los que dictan las       políticas económicas dominantes es asesino, sí señoritos señorones, sí señoritas señoronas. Pero no hablemos de revoluciones, por favor, que siempre las ganan los mismos. Les conmino, esto sí,  a su propia revolución interior, a que comiencen por administrar con ecuanimidad sus propios recursos éticos o bien opten por meterse ustedes mismos en la cárcel para aguantar el chaparrón que se avecina. Si no es así, vayan buscando un planeta vivible para ustedes y una gran bomba de relojería para los demás, porque si no, un arma llamada ‘gente sabia del sentido común globalizado’ les explotará en sus narices (…)

¡Hágase la luz sobre los inocentes!

Y el apocalipsis se irá al infierno con los demás.

 

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~ por Iñaki Etxebarria en 21, noviembre 2016.

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