Guardiana de los sueños rotos

Nací al abrigo del firmamento.

Crecí al amor de lo que huele, lo que entiende, lo que duele.

Me lo contaron, chistando,  mis abuelos.

Volé en la magia de las piedras viejas.

Creí en el lenguaje de las flores y en tu risa de colores.

Al calor de los girasoles me hice dueña de lo que siento.

Conquisté el cielo y el infierno para dártelo a bueno.

Guardé la vida y la devuelvo.

Gané la vida y la prodigo.

Soy tu suerte y casi siempre mi vida se tuerce.

Y, sin embargo, cada mañana, recojo una sonrisa, en cada esquina, y con ternura, la cubro en su cuna.

¡Carajo!

Soy guarida de los sueños rotos, celada para el fiador de tus ratos tontos.

Retengo la vida y la entretengo.

Rebusco la suerte y te secundo.

Toreo la muerte y a su confidente.

Por mi prole resisto, y soy pueblo y humanidad, y qué poquito valor me dan, ¡carajo!, aunque tampoco lo pretendo.

Atizo tu estima pero no me quiero hasta que me encuentro.

Traigo hombres al mundo que me envían al trastero.

¡Carajo!

Y seré con el ‘pecado’ de los que callan y otorgan.

Y cuidaré de hombres y mujeres, nuevamente.

Y mi sufrimiento ayudará a mi opresión, no a mi redención.

Y seguramente volveré a agradecer vuestro descuido con un mundo mejor.

(A la mujer que nos cuida)

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~ por Iñaki Etxebarria en 21, noviembre 2016.

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