La inocencia

En una ocasión le comentaba a mi amigo Fernando:

– No hay nada más puro que el alma de un niño…
– No sé que te diga, amigo, creo que es más pura el alma de un adulto puro –me respondió Fernando en su alma limpia.

Estas palabras y mi corta intuición me dieron mucho que pensar…

Solo algunos años después comprendí que mi amigo Fernando hablaba de la inocencia, la misma que un niño o una niña tienen normalmente cuando aún no la han sometido al influjo de los demás, para ser desgastada, desgarrada, o directamente, para serle robada … ¿Y qué hay del trabajo de aquel adulto que a lo largo de su vida ha logrado preservar su inocencia?…

Es cierto, querido Fernando. Hoy entiendo que la inocencia es el mayor bien que un padre debe preservar en su hijo, el primero de los derechos que cualquier estado debe proteger en sus ciudadanos, el mejor tesoro con el que sufragar nuestro viaje, acaso el único que tengamos…

Muchos años después, mi amigo Nando y yo nos volvimos a sentar, y volvió al aire aquella vieja inquietud compartida.

– ¡No te faltaba razón, Nando… Si el honor es el cumplimiento del deber que tenemos hacia nosotros mismos y hacia los demás, solo se me ocurre una cosa más honorable que preservar la inocencia de un niño, y es preservar la inocencia misma …

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~ por Iñaki Etxebarria en 11, diciembre 2011.

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