La otra (relato breve)

 

      ¡Ay, loco “Loco John”!… No quisiste abandonarla de golpe. Nunca supiste decirle que no, viejo estúpido. Y tampoco la permitiste leer en tus ojos esquivos cada vez que intentaba desentrañar alguno de tus silencios. No, jamás le dijiste hasta aquí hemos llegado compañera. Preferiste que sus fracasos se cocinaran a fuego lento. Y la tenías que haber visto el último día del año, Loco John. Tina estaba convencida de que todo el mundo tomaba en cuenta que iba a verse contigo, que nuevamente volveríais a ser la pareja de rumba de la que siempre habló la ciudad de Panamá… Pero aquella mañana tuve que coger a vuestro pequeño en brazos y salir zumbando hacia el puesto de lotería para darle una mala noticia. Su hijo mayor, tu hijo, que llevaba tres días sin que se le viera el pelo por casa, estaba vendiendo bazuco para un tipo de El Chorrillo… Discúlpame si crees que he estado enredando donde no me llaman, pero si  no haces algo, y pronto, este niño va a echarse a la calle… Sabes bien que Tina ha de llevar el pan a casa y no puede dedicarles todo el tiempo que desea. Loco John, no sabía qué hacer… Estaba muy asustada. Eché a correr. Y la vi radiante cuando llegué al puesto. La mujer imaginaba que bailaba contigo. Lo pude ver en su expresión… ¡Joder, se veía como una reina!… Y no quise interrumpirla… Pero sus hijos son el motivo por el que vive. Por ellos y para recibirte cada Año Nuevo, leal a su pareja de rumba… Ella quería que les vieras bien atendidos, que para nada sospecharas que tu abandono había provocado la huida de los niños a la calle… Ay, Loco John, el vuestro sí que tuvo que ser un amor de verdad… Y bailaba y bailaba en su fantasía de fin de año… Y yo no quería que mi energía negativa invadiera su mejor momento, sublime… Entonces, la bulliciosa Calidonia se movía al compás caliente de sus pequeños deseos… Ahí tienes, un año entero para que la vieja Tina pudiera mostrar a Panamá que nunca dejó escapar a Loco John. Y bailaba y bailaba, contigo… Y yo seguía guardando la cara. Pero había que buscar a vuestro hijo. Y como soy más bruta que un arado, acabé entrándola así… “¡Pilas, hermana, pilla todo eso y vamos de aquí volando!”… No tuve que decírselo dos veces. Tina cogió la plata, la lotería y salimos pitando de allí… La tenías que haber visto con el crío cargado en la cadera, sorteando sus humanidades entre los buses de Calidonia. Y las bocinas que la increpaban. Pero ella no cedía un milímetro. Y, aunque se suponía que yo era la que sabía dónde íbamos, tuve que seguirla a toda leche… ¡Esta mujer, la muy madre, echaba humo, Loco John!… Y no nos anduvimos con vainas cuando llegamos a la dirección que me habían soplado. ¡Pum, pum, pum! El camello abrió la puerta y tuvo que pensar que éramos policías, porque estaba pálido el muy cabrón. Luego, hizo como que nunca en su vida hubiera perdido la serenidad y arrojó sus ciento y muchos kilos de tiparraco en el sofá, puso los pies en la mesita y siguió viendo el último video de hampones de poca monta como él. Su mami, aún más gorda y chulapona, salió por ver qué onda con su hijito… Y viendo que esa gente se tomaba a chufla nuestra historia, entramos a saco en la casa. Y me dieron ganas de contarles cómo se las gasta mi menda. Pero Tina no anduvo con exquisiteces y se echó encima del tipo, le agarró del pelo y durante un montón de tiempo estuvo zarandeándole la cabezota. El man se quejaba pero no se defendía. De chiste. Hasta que su madre intervino dando un manotazo a Tina en la espalda que por poco la deja seca. Y claro, yo tuve que arrearle un puntapié en su enorme trasero. ¡Y ahí se lió la cosa!. Mejor, ni te cuento… ¡No sabes bien la mujer que despreciaste, amigo…!… En fin… Después de todo, conseguimos que el individuo nos llevase hasta el escondrijo donde actuaban sus compinches. No veas. Se veía graciosísimo moviendo sus gorduras por Panamá Viejo, súper asustado, profiriendo una sarta de mamarrachadas que no se las creía ni él… Y en una de esas viviendas desahuciadas vimos a tu hijo trepando por una escalera a un tris de romperse, para encaramarse después al patio a través de un ventanuco por donde no cabe un adulto. Todo estaba bien pensado. Y Tina se puso histérica. Y quiso trepar hasta allí. Pero no la dejé. Y la tipa que te escribe, que también se mira de buen ver, tampoco era una solución… Total que aquel cabrón de El Chorrillo escurrió el bulto. Y tu chaval pudo bajar con nosotras… Eso sí, tenía los ojos vidriosos del bazuco, una mirada sin fondo. Y le mandé a casa porque si no se hubiera organizado una tragedia… Entonces, su madre se tiró al suelo, o se cayó, o yo que sé, y se puso a llorar como una desconsolada. Me puse a su lado. Y estuvimos las dos ahí, gimoteando a moco tendido como gilipollas, mogollón de tiempo… Tina decía no merecer lo que le estaba sucediendo. Pero nunca incluía a tu persona entre sus  quejas. Yo la flipaba… Sólo te hacía presente para lo bueno. En su mente, o donde fuera, te asociaba con su juventud, no con sus problemas, no con sus hijos ni su soledad… Está claro que esa mujer te quiere un mazo, Loco John… Y en pleno desconsuelo, no se le ocurrió nada mejor que hablar de su pareja de rumba… Y es que, ¡coño!, tú llenabas entonces casi todos sus espacios interiores. Todos, excepto la gran laguna en negro de tu vieja indiferencia… Fue entonces cuando me dijo que sus hijos, mi amistad y su pareja de rumba eran lo más auténtico que tenía en esta vida. ¡Imagínate!… Me dejó hecha polvo… Pero ella seguía con el mismo rollo… Después de un año de esperanza, esta mujer legal se decía que por fin volvería a verte. Vivía segura de que no faltarías a la cita de San Silvestre, que ya duraba veinte años. Estaba convencida de que nuevamente irías al encuentro de un Año Nuevo que sin embargo moría allí mismo para ella. Ya ves, ni siquiera aspiraba a un reinado de día completo… Es verdad… Unas pocas horas a tu lado bastaban a Tina para colmar su sueño anual de cenicienta… Apenas comenzaba a comprenderla entonces. Mi persona, que había llegado aquí con mentalidad de extranjera, buscando causas perdidas, huyendo del materialismo, de las drogas, de alguien que le ayudó, profundamente, a ser infeliz, fue convenciéndose de que nunca comprendería las actitudes de otras gentes con sus valores… Y llegué a Panamá, de camino hacia Nicaragua, El Salvador, Guatemala o Chiapas. Aún no lo sabía. Pensé en decidirlo sobre la marcha. Pero antes os encontré a vosotros. Y tal vez intuí que una pareja que no era pareja podía ayudarme a comprender una sociedad que parece dar más valor al envoltorio que al caramelo. Quizá es que yo no entendía las sutilezas de la forma. Y tuve que revisar mis valores. Y hoy sé que detrás de vuestras maneras, extrañas para mí, hay un universo de contenidos entre los que no destaca la fidelidad… Y dime, Loco John, ¿cómo puede vivir un amor sin la lealtad de quienes lo hacen posible?… Joder, es que Tina había estado reservándose para esa noche durante todo el año. Había pintado el apartamento. Lo había colmado de plantas, de flores, de espumillones, de confeti de todos los colores. Y se había puesto demasiado guapa para ti. Y tenía a sus chavales vestidos de saldo, más que formales, esperando una voz para marchar con la vecina. Y hacía más largos los minutos recostada sobre el quicio de la ventana, allamarada, aguardando a que asomara el morro de tu inconfundible camioneta, pintada de rojo, naranja y amarillo… Y eran las nueve y poco cuando calculó que no vendrías antes de las diez. Y, pese a ello, no apartaba el ojo de la calle… Mientras, Calidonia seguía petada de gente. En nuestro cutre callejón los vecinos se buscaban la vida con cervezas y medios gramos de cocaína más baratos que una entrada de cine. Hasta la cocina llegaban cánticos febriles de almas en pena rescatadas por los pastores evangelistas para el sistema. A esas horas, los buses seguían peleando contra los taxis y la gente, los taxis contra la gente y los buses, y la gente contra la gente, los taxis y los buses. El ambiente, pues, era navideño. Pero esta persona, en vilo, tan sólo parecía atenta a tu forma de frenar cuando doblas la esquina…

 

          Sin embargo, en la noche de San Silvestre entraste sigiloso en la vecindad.

 

          Nada más verte, la mujer olvidada se le subió a los cachetes.

 

          La tenías que haber visto de un lado a otro de la sala, espitosa a tope. “¡Ya, ya, apúrense pelaos, que su papá ya llegó!”…

 

          Entonces, bajé a casa.

 

          Y aunque sólo tuvieras ojos para una, cuando empezaste a subir las escaleras con dos botellas bajo el brazo y algo oculto tras la espalda, allí había dos puertas entreabiertas… La de Tina, arriba, se hallaba tan franca que alcancé a ver su rostro emocionado. A medida que te ibas aproximando, ella sacaba el cuerpo un poco más, reclamándome con la mirada, buscando compartir una ilusión que siempre le vino grande… Ya ves… Tu pareja de rumba veía tu sombra, escuchaba tus pasos y su corazón sufría de ansiedad… Así que no es de extrañar que en el momento en que te detuviste frente a mi puerta y me ofreciste un ramo de flores, Tina buscara nerviosamente mis ojos, intentando adivinar algo en mí que desatascara su alma…

 

          Pero no tuve la desvergüenza necesaria para ofrecerle, siquiera, una sola mirada.

 

         Después, entraste en la vivienda y al cerrar la puerta detrás de ti pude ver de reojo cómo pasaba su rostro de la perplejidad a la angustia y luego se apagaba definitivamente.

 

          Y jamás podré olvidarlo.

 

          Entonces comprendí el verdadero tamaño de mi deslealtad.

 

          Por esto, Loco Johny, hasta que merezca una pareja entera, seguiré bailando sola. Créeme, nunca intenté utilizarte. Para mí fuiste una locura pasajera, un regalo de los dioses que me valió un infierno.

 

          Pero has de saber que marcho con el recuerdo de haber recibido de vosotros mucho más de lo que os di.

 

          Ahora mismo estoy en el aeropuerto, mirando un panel de vuelos: Guatemala, Chiapas, Tegucigalpa…

 

          Y entiendo que hay mucho por escribir.

 

          Pero me siento confundida.

 

          Aunque si en el mundo existe una causa perdida, ha de estar en mí.

 

          No sé.

 

          Puede que regrese a mi barrio y me ocupe en las miserias propias…

 

          Esta mañana he visto a Tina.

 

          En su mirada no había rencor.

 

          Después de abrazarme como nunca, antes de despedirnos para siempre, me ha confesado que hace mucho tiempo que consiguió olvidar tus infidelidades como padre y esposo, pero cree que nunca logrará perdonarte semejante deslealtad con tu pareja de rumba… En lo que a mí respecta, gracias a la amiga que nunca gané, he aprendido que el amor y la amistad necesitan aún más de la lealtad que el amante o el amigo…

 

          Chao, Loco John.

 

 

 

 

©Relato extraído del libro de relatos “La costilla de Eva”, by Iñaki Etxebarria, publicado en lulu.com

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~ por Iñaki Etxebarria en 18, agosto 2009.

5 comentarios to “La otra (relato breve)”

  1. Iñaki: Hace mucho que no pasaba por aqui… tal vez hace mucho que no pasaba por ningún lugar. Han sido dias complicados.

    Tu relato es maravilloso, me atrapó… Excelente. He decidido tomarme unos dias de descanso, pasare por aqui a leer los atrasos…

    Cariños, Carolina

  2. Termine de leer el relato, jejeje…lo hice en dos visitas, es una locura mi vida actual…no ólvido a a mis amigo, es por eso que estoy aqui leyendote. Gracias por entregarnos tus escritos, me encantan. Un gran abrazo Iñaki, extraño el leerte más seguido, como a los demás, estas en mi corazón, mil bendiciones para ti y un gran beso, que todo este bién para ti.

  3. uff Iñaki, que historia! Bella en su esencia, triste en sus formas. Definitivamente para aprender.
    Cariños!

  4. Gran relato de amores y desamores ,sufrimientos y pasiones…Nunca deberia haber la otra/O …Ya que sufre las dos y él, que esta con el corazon dividido tambien …Cuando de verdad se Ama solo se puede Amar a una persona , lo que pasa que a veces la encontramos en nuestro camino ,cuando las circunstancias son como este relato …Y sufren los tres …El tiempo pasa pero lo que sintio y el AMOR queda eso no lo borra el tiempo …SI ES UN AMOR VERDADERO… Bendiciones y te deseo lo mejor SED FELIZ ,Y EN TU VIDA SIEMPRE TENGAS AMOR…

  5. Totalmente de acuerdo con el comentario de nelida.

    Saludos,

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