El universo existe por amor (y 5)(relato)

CADA DIA DA UNA NUEVA FLOR

 

 

          Hoy es la víspera del Día de los Muertos. Eréndira se sobrepone al dolor y consigue caminar con su mamá hacia la hoya donde las ánimas acuden a lavar en esta fecha… Una vez allí, observa que todas se miran bien alegres porque pronto se encontrarán con los suyos… Su progenitora no puede verlas. Sin embargo, siente que algo está influyendo en su hija poderosamente. Y se da cuenta de que la muchacha busca a Quetzekua con afán… Pero allí no está… Y aguardan hasta que aquello queda vacío… Nadie… Decepcionada la madre, desilusionada la hija, toman el camino de regreso… Y la persona que trajo al mundo a Eréndira nada puede hacer sino recordar a la chavita que jamás debe perder la esperanza… Es por esto que hay una luz prendida en un lugarcito de Eréndira…

 

          Acaba la jornada.

 

          Corre el primero de noviembre.

 

          Y llega la Noche de Difuntos.

 

          La tierra de los purhépechas se siente vívida como nunca: en Janitzio, como en todo el universo indio, la comunidad abarca este día a los vivos y los muertos. La coqueta insulita anochece engalanada. Se escuchan en todas partes las suaves  melodías de la Radio de los Pueblos Purhépechas. Un grupo de chamaquitos se abalanza sobre los turistas que llegan en el primer bote de la noche, para venderles calaveritas fosforescentes y ofrecerse como guías por unos pocos pesos… “¡Pásenle, pásenle, hay pescado blanco, acúmaras, charares, huichepos, pozole, atole de elote, dulce de piloncillo, pan de difuntos, pásenle que aquí hay lugarcito!”… -vocean las mujeres de Janitzio bajo las tolderas, envueltas en sus tradicionales rebozos, al unísono con el golpeteo de las tortillas de maíz pasando de una mano a otra, mientras alejan con el pie a los perros que compiten por los primeros restos de la fiesta que se prepara. Chamacas y chamaquitos colaboran en la faena corriendo de un lado hacia otro de los comedores, acarreando agua, lavando trastes, con un ojo puesto en los clientes y otro en los cirios de las ofrendas mortuorias dispuestas con detalle en cada casa… Apenas se ven hombres… La madre de Eréndira fríe pescado blanco junto al pequeño atracadero. La niña está sentada a sus pies. Y tiene su mirada posada en aquel lugar del lago. Cuando, una vez más, llega hasta su espíritu la leyenda de los príncipes Mintzita e Itzihuapa. E imagina cómo fue atrapado el muchacho por veinte remeros entre la isla de Janitzio y La Pecanda, en el  lugar preciso donde lo hiciera Quetzekua cinco siglos después… La empinada callecita que sube derecha hasta la cima se ve dominada esta noche por improvisados comedores, por numerosos puestos de artesanía purhépecha, ollas, jícaras, máscaras, tallas de madera, cristos y luzbeles, orfebrería en cobre, cestería de chuspata, objetos de tule y paja, trabajos de cantera y popotillo, sarapes y bordados tradicionales, todas las labores de la gente del lago reunidas en un expositor tan grande y vistoso que cada año tiene como principal admirador al espíritu de Vasco de Quiroga, el papá cariñoso que trabajase hombro con hombro con los artesanos purhépechas cinco siglos atrás… “¿Qué van a comprar?”… -vociferan las mujeres metidas a marchantas… “¡Pásenle, pásenle!”… El repiqueteo de las campanas, el intenso olor a pescado frito, las oraciones purhépechas, la fragancia de las dalias, las orquídeas, las  flores de cempasuchitl, los mil aromas del lago, y el humo de las velas, y todos los colores, impregnan y dan vida a una mística rescatada hoy de los tiempos abuelos… Ahorita suenan diversas melodías pidiendo paz y reposo para los que partieron y buenos augurios para los que quedaron… El cura Morelos se sobrepone, ajeno y todopoderoso, a la isla de Janitzio… Eréndira acude al templo en los hombros de su papá. Y el resto de la familia va tras ellos… Ha comenzado ya la Velación de los Angelitos. Los purhépechas recuerdan a los niños muertos, convertidos en angelitos. Y año con año acuden al campo santo el papá, la mamá y los hermanos de quienes no conocieron las alegrías ni las penas de los adultos. Y en sus tumbas recrean sutiles adornos con las flores más bellas de la estación, con juguetes de madera o tule, con los presentes y la ternura que no pudieron regalar al niño-angelito en vida. El minúsculo templo, como el campo santo, se ha vestido de luces y también de flores. Y en Eréndira se aviva una vieja llamita… Aunque para ella el tiempo apenas camine… Llega a su fin la ceremonia. Y las familias se acercan al puerto para disfrutar de las antiguas danzas purhépechas… Al ritmo de los sones van alternándose los nobles bailes del lago: la danza de la mariposa, de los viejitos, de la huaruacua, de los paloteros, la danza del pescado, la de los enguangochados. La gente se entretiene. La niña puede ver pero no mira la exhibición de canoas-mariposa que cualquier otro año le hiciera vibrar de emoción. Sin embargo, la fiesta mantiene una energía vigorosa, espiritual, inmemorial, preludio de la velación de los difuntos… Falta una hora para la medianoche… Eréndira lo ve todo pero su corazón está tan triste que no puede reaccionar, desde el preciso instante en que un remolino lo dejó sin ganas de vivir… Y esta vez no mira cómo los pescadores alzan sus pequeñas redes en la noche, vernáculas artes de pesca que semejan las alas de la mariposa monarca, que este año llegará con retraso… Son las doce en punto. La campana del cementerio invita a las ánimas a que se presenten a la ceremonia… ¡Tlan tlan! ¡Tlan tlan! ¡Tlan tlan!… Con la sublime llamada de los bronces van acercándose a Janitzio las almas de los difuntos, mientras que los vivos se dirigen al campo santo para reunirse alrededor de sus despojos… Mujeres y niños abandonan sus labores y se encaminan hacia el panteón con solemnidad, con grandes cirios encendidos y hermosos arreglos florales… Y en los lugares de reposo de sus seres queridos extienden sus llamativos bordados, donde depositan los manjares que gustaron a sus difuntos en vida. Y junto a ellos ponen velas a mares. Y se disponen en cuclillas, preparándose para las más íntimas pláticas, para las oraciones cristianas. Y los agradecimientos se ven sinceros. Y son los cantos quedos… Las mujeres y las niñas se arrodillan de cuando en cuando frente a la cruz que preside el ritual. Y quedan pensativas, como ahora la mamá de Eréndira, clavada ante los abuelos de antes y los de ahora… El campo santo se ha llenado de pequeñas luces, de millares de flores de cempasuchitl, rostros piadosos, cámaras fotográficas cuyos flases irrumpen en el sagrado lugar en penumbras. Los hombres observan desde lo alto del panteón, entre trago y trago de charanda o de pulque tierno. Se presenta la luna. La noche se preña de espiritualidad. El silencio, acompañado por el hablar de la campana, arropa la noche en que los mentados espíritus regresan a su tierra y su lago… Eréndira sigue acuclillada junto a la abuela y su mamá y una prima, frente a los restos de sus antepasados y los muy queridos de Quetzekua. Ha sido vestida como una princesa purhépecha para la ocasión, lo que nunca ha dejado de ser. Y aguarda a su amor de siempre con un halo de confianza en el rostro… Varias horas después desaparecen los flases y las mujeres quedan solas en el campo santo, hincadas sobre sus petates de tule, con sus cruces, sus ofrendas, con los espíritus de sus difuntos… Sus rostros dicen ahora el verdadero decir. Son rostros pensativos, llorosos, resignados, piadosos, que viven lo que oran. Y otros, infantiles, que no acaban de comprender este brillo en los ojos de una abuela que añora el calor y la compañía del hombre con quien compartió la vida y no la muerte… El cansancio está durmiendo a las niñas y los niños… Pero las mujeres no abandonan la velación… Los hombres, circunspectos, continúan sus pláticas en el interior de la breve taberna… Eréndira aguarda bajo la mirada atenta, impaciente, del universo entero… Ahora le gustaría ser una mujer náhuatl. Para convertirse en águila y buscar a Quetzekua por los cuatro confines del mundo… Y al fin comprende la bellísima Eréndira que el más experimentado es el que más tristezas lleva consigo… Y su mano comienza a moverse después de largo tiempo. Y se saca el rebozo, justamente para que su amigo pueda reconocerla si regresa, ante la atónita mirada de su mamá, de la familia entera… Cuando, en éstas, llega, ¡¡¡iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiijole!!!, blanquísimo, el espíritu de Quetzekua. Va vestido como siempre. Y se posa en tierra. Y sonríe. Y va saludando, uno por uno, a todos los presentes. Y antes de llegar a Eréndira, se para en un alto desde el que se divisa el campo santo entero. El muchacho mira a la niña, a su mamá, a la gente allí congregada. Quienes no salen de su asombro ante la hermosa aparición… Y la princesita de ojos dulces, desencantada, vuelve a ser la misma Eréndira inquieta y alegre de siempre… Todos prestan atención a Quetzekua. Todos se preguntan si habrá encontrado la sonrisa perdida de los indios de Abia Yala… Y el chamaco-hombre se detiene en la multitud… Se ve realmente contento… Cuenta que ahora mismo viene de hablar con el espíritu del cura Morelos. Y dice que le fueron anunciados los tres episodios de la historia donde se extravió nuestra sonrisa… Asegura Quetzekua que descendió con él hasta las profundidades de la historia de aquí. Y vio cómo sus paisanos eran conquistados por otro pueblo hermano, los chichimecas, cómo fueron forzados a matar en nombre de un dios extraño y vengativo… Y, lograda en parte la misión, su espíritu se remontó al instante en que Nuño de Guzmán asesinaba al catzontzi y sembraba por codicia un gran terror, a la época de los conquistadores europeos, el segundo lugar donde perdió el indio su sonrisa, al parecer… Y asevera que a partir de entonces todo lo hizo con pena, con rencor, con amargura. Y resistir fue su proclama desde aquel tiempo… Y viajaron de últimas hasta el comienzo del México independiente, al momento justo en que nuestros compatriotas comenzaron a darnos la espalda… Y, al parecer, vio cómo se perdía en este lugar de la historia otra parte de nuestra dignidad… Y garantiza el espíritu de Quetzekua que pasó su tiempo busca y busca hasta que pidió ayuda a El Abuelo, el mensajero de los Dioses, para que Les preguntara cómo se quita el miedo que tiene a su gente sometida. Y todos los Dioses le dijeron al unísono que Dios es solamente Amor. Que a Él no se llega por temor. Que Él no se venga. Que Él nos quiere libres porque de otro modo no te quiere un buen padre y una buena madre. Que el demonio no existe por mucho que algunos lo imaginen. Que el cielo o el infierno, o cualquier otra situación entre ambos extremos, la provocamos los seres humanos. Que no es Dios Quien permite el mal en el mundo, sino el ser humano nacido libre. Y que todos colaboramos un algo… Y también le dijo que el indio es gente grande. Que el amor, y su ausencia, es la única esencia de la que todos estamos hechos, la fuerza que hace posible lo improbable, la energía que mantiene lo creado, el más grande poder con que contamos cada uno de nosotros… Y al escuchar esto se han liberado los corazones indios de todas partes… Y de nuevo regresa la sonrisa a los rostros de la gente que sabe respetar, una sonrisa grande desde Alaska hasta la Tierra de Fuego, como su dignidad recuperada… Y se abren todas las prisiones… Y los Dioses regresan a sus pueblos… Y el movimiento de la historia vuelve a ser desde el cielo hacia la tierra… Y tan hermosas lucen todas las sonrisas, como la de Eréndira, que Quien primero se habrá emocionado, a buen seguro, habrá sido la Divinidad misma, la de todos los seres vivos… Y ahorita, Quetzekua, quien ya es todo amor, se dirige a Eréndira, cuyo corazón ya lo rebosaba desde hacía un tiempo. Y le tiende una mano. Y caminan ocultándose de las miradas indiscretas, apartándose de las titubeantes llamas de los cirios y las veladoras, para chistarse palabras de amor… “¿Cómo está mi plantita?”. “¿Sigue creciendo y dando flores?”  –pregunta Quetzekua a la bella Eréndira al fin… “Sí, con igual gusto está creciendo y cada día da una nueva flor”. “Y así seguirá si tú la continúas cuidando y regando”… Eréndira acaba de declararse novia eterna de Quetzekua… Y se miran a los ojos. Y se dan cuenta de que ya son todo amor… Así que el universo absorbe estas dos bellas energías (para seguir existiendo, puede ser)… Y así, ante la mirada gozosa de las mujeres y los hombres de la isla de Janitzio, echan a volar los dos niños, unidos de la mano, en el momento mismo en que sale Urendegua Necara, Dios Estrella de la Mañana, que les saluda dichoso. Y entonces llegan las mariposas monarca por millones, como si hubieran estado aguardando el momento… Y quedan descansando en el campo santo, por siempre, los cuerpos de los niños, muy juntitos. Y vuelan sus espíritus, puros, felices, ora sí hacia la luz, hacia la vida que nunca termina… Y lo primero que hacen es volar hacia la prisión donde estaba encerrado el papá de Quetzekua… Y el hombre también logra verles. Pero no me pregunten cómo… El padre y el hijo se hacen un guiño… Y los dos chamaquitos se consultan, luego-luego, e inician un viaje para conocer el rostro completo de la Divinidad. Y vuelan y vuelan, siempre de la mano, sin esfuerzo, a una velocidad increíble para dos espíritus que son tan nuevos… Se reúnen con la Diosa Tierra, las Diosas Montañas, los Dioses Árboles. Y piden a la Diosa Águila que les acompañe. Y ella no se hace la remolona y se une a esta pareja por un tiempo. Y conocen a la tía y a la mamá de los Dioses… Todos les felicitan, se felicitan… Y bien, sin tiempo que medir, sin dolor ni angustia, sin calor ni frío ni sed ni hambre, Quetzekua presenta su compañera al abuelo que está sentado junto a las cuatro Piedras que son cuatro Dioses. Y descienden con él hasta el cielo… Allí se sienten juegos y entretenimientos inimaginables para un ser viviente: competiciones espirituales, juegos de la intuición, torneos de la imaginación, de la ilusión… Y también sienten la voz del locutor en cuanto entran: “¡¡Espiritisas, espíritus, cielenses todos, sólo me resta decirles que en el juego de las adivinanzas para espíritus maestros, han conseguido llegar hasta la finalísima dos grandes equipos!!. ¡¡En el equipo A, que como saben lleva un pocotón de años llevándose el premio, compiten Jesús, ¡¡bien!!, la Madre Ganga, ¡¡bien!!, el espíritu de la abeja obrera, ¡¡bien!, Teresa de Calcuta, ¡¡bien!!, la Diosa Mari, ¡¡bien!!, y por último, el espíritu de la Montaña, ¡¡bien!!… ¡¡Equipo duro, cielenses, el que este año tienen enfrente!!. ¡¡Ni más ni menos que a María, ¡¡bien!!, a Pacha-Mamma, ¡¡bien!!, a Mahoma, ¡¡bien!!, a El Buda, ¡¡bien!!, al espíritu del Árbol, ¡¡bien!!, y a esta niña yoruba que no sabe lo que es ganar desde que llegó, ¡¡bien!!. ¡Así pues, todo está listo para empezar!”… Pero Quetzekua y Eréndira no se quedan a la final porque desean conocer su nueva vida, eterna y gozosa. Y el chico pregunta a la chica dónde desea ir. Y Eréndira no necesita pensar para decir que le gustaría volar hacia el momento de la historia en el que el ser humano dejó de ser uno de los guardianes de La Tierra para convertirse en su dueño, hasta el momento fatal en el que los Dioses comenzaron a ser poseídos por los humanos. Y a Quetzekua le parece madrísimo el anhelo de su compañera. Y toma de la mano a la hermosísima princesa Mintzita-corazón, Eréndira en su última vida, quien había regresado a La Tierra para amarse con él, Itzihuapa, el muchacho que supo esperarla durante varias vidas y aun por siglos… Y ahora saben de corrida lo que siempre se quisieron. Y vuelan, pues, dos seres sin equipaje, alegres, hacia este momento tan importante para la Historia de La Tierra, una patria para todos que nadie debiera poseer… “Si de veras deseamos existencias dignas en este pequeño planeta, vamos a tener que regalar mucho amor”… Así mero-mero le platica Quetzekua a Eréndira.

 

          Y ella le devuelve su razón entera.

 

          Y es que el Universo existe por amor.

 

          Y con respeto, fe y amor se guardará…

 

 

(Hasta ahí no más se acabó todo)

 

 

 

©Relato extraído del libro de relatos “El universo existe por amor”, by Iñaki Etxebarria, publicado en lulu.com

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~ por Iñaki Etxebarria en 29, julio 2009.

6 comentarios to “El universo existe por amor (y 5)(relato)”

  1. Felicidades por tus libros y sigo animandote para que sigas expresando lo que sientes…En mi blog te he dejado un Premio que me lo ha dado Marcial ,a vuestro lado soy alumna ,pero gracias por estar ustedes mas de uno para poder aprender ,y caminar y poder hacer camino de lo que es LA SOLIDARIDAD y el Buen Hacer…Gracias Bendiciones…

  2. Muchísimas gracias, Anelaisi, Marcial, es un gran honor tratándose de vosotros y de la solidaridad, algo tan importante en cualquier época y lugar. Todos tenemos algo que enseñar y mucho que aprender, y de vosotr@s lo hago cada día.
    Un beso mágico para todos los premiados por alguien tan especial como Marcial.

  3. Iñaki te envio lo que es tuyo ,Premio a la Amistad …Gracias por ser como eres …Bendiciones y no cmbies y se que no lo haras…

  4. AH ,se me ha olvidado poner pasa por favor por mi blog a recogerlo ,gracias …CUIDATE Y SED FELIZ…

  5. Mil gracias, Anelaisi, eres un sol hermoso. Bendiciones. Tampoco cambies tú. Un abrazo.

  6. Gracias por tan bellas palabras.Te deseo que te vaya todo bien …Pido a DIOS que todo lo que cambien sea para mejor ,y aprender de los demas …Pero que nunca olvide de donde soy ,quien soy y de donde vengo…Te Deseo Bendiciones a ti y a tu Familia …

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