A los ciudadanos poderosos (artículo)

Todos sabemos que no será tarea fácil que lo ricos se incluyan en la misma sociedad que los pobres. En modo alguno cabe esperar que los poderosos cedan, voluntariamente, un poder que tiene que ver con la acumulación de bienes materiales. Y es que lejos de liberarnos en un proyecto común, en una verdadera sociedad del bienestar, los ciudadanos ricos prefieren enzarzarse en una relación de poder injusta, defendiendo a capa y espada un orden (…) del que sólo ellos y unos pocos más extraerán fortuna material en el mejor de los casos, sentenciando al caos a todos los seres vivos, a ver el progreso bajo el prisma de una acumulación que asesina, en definitiva sólo para que ellos, los ciudadanos ricos, puedan seguir ejerciendo el poder por el poder.

La posesión de bienes materiales no habría de contravenir, necesariamente, la ética universal. Pero lo cierto es que lo ha hecho, lo hace y lo seguirá haciendo, porque su origen está basado en una economía que se antepone a la vida. Por tal herencia, el poder que uno tiene sobre la base de la acumulación de bienes materiales es un poder perverso. En nuestra aldea global del siglo XXI, para conseguir un dólar, un euro, una libra o un yen, tienes que robar muchos pesos, dinares y rupias, no lo olvidemos.

Pero ¿acaso tenemos los humanos de la actualidad algún poder que no vaya relacionado con el dinero?…

Usted verá…

 

Desde luego, el avaro no se mueve con la esperanza de los pobres ni con las plusvalías de un mañana inimaginable. Cierto que la sociedad común necesita que la gente rica y poderosa haga uso de la inteligencia de todos, y ésta exige solidaridad. Pero no nos engañemos. Solamente la organización de la ciudadanía, en un marco inteligente de no-violencia, podría lograr esa inclinación para el rico, haciendo que el poder vaya siendo compartido, condición ineludible en todo proceso social evolutivo.

A decir verdad, el ciudadano poderoso no las tiene todas consigo. Él sabe que son tantas las contradicciones del sistema global, tantas las injusticias, que este planeta puede reventar en cualquier momento. Él sabe que las migraciones masivas hacia el Norte derrochador pueden convertirse, en horas, en la revolución generalizada de los que nada tienen que perder, salvo una vida indigna. En consecuencia, el ciudadano poderoso del siglo XXI (e.c.) habría de ceder poder para conservarlo, para participar en la construcción de un modelo global menos torpe a sus intereses…  Siendo que la economía está globalizada y que el poder no está repartido siguiendo criterios inteligentes, sino los deseos egoístas y necios de unos cuantos hombres poderosos, el ciudadano rico tendrá que saber que los riesgos que corre son los riesgos que corremos todos. Por otra parte, además del riesgo económico, el gran empresario y el inversor no deberán ignorar el riesgo espiritual que conlleva detentar un poder injusto, si en verdad pretenden la felicidad propia y la de los suyos, ahora que muchos conocemos el origen real de las  fortunas… El inversor del mañana acabará dándose cuenta de que en la paz progresan todos los ciudadanos, de que en este progreso estamos todos involucrados, de que la cesión de una parte de su poder injusto puede proporcionarle el poderío de llegar a una aldea global cierta… En esta dinámica inteligente, o menos tonta, una economía global sostenible puede hacernos más felices a todos, brindaría un estatus digno a la humanidad, su sentido común, y ante todo evitaría esta iniquidad que se cifra en millones de asesinatos que muchos achacan injustamente a Dios, Quien si existiera habría de querernos libres, sin duda, cuando nos permite errar tan gravemente…

Y bien, ¿quién no puede estar interesado en que la democracia llegue a la economía de todos los seres vivos?…

No nos engañemos, a las mayorías, siempre desunidas, se les engaña fácilmente. No te engañes, ciudadano poderoso. Tanto como el que más, tienes pendiente tu catarsis, tu revolución interior. De ti, más que de nadie, depende la dignidad de la herencia que habrás de legar a los tuyos, el poder compartido, el poderío de uno y la fuerza de la evolución. Tenlo bien claro, de tus decisiones en el corto plazo pende la pervivencia misma de la Humanidad.

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~ por Iñaki Etxebarria en 31, diciembre 2008.

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