Preparativos de la expedición Francisco de Vitoria. Capítulo 1

Los preparativos

 

“Antes de conocerte ya te quería” fue el primer verso de un poema que escribí para Ángeles Rivera el día que empezamos a salir. Corría el invierno de 1987. Ocho de enero. A las tantas de la madrugada la acorralé con los brazos en una esquina de Gasteiz y le dije: ¡Tú eres para mí! ¡Vaya, vaya, cómo me las gastaba por aquellos tiempos! Pero no se me vayan a escandalizar, que no a todas les decía lo mismo. Entonces reconocí al gran amor de mi vida. Hoy, casi veintidós años después, vicisitudes y marrones aparte, aún lo sigo creyendo. Lo que no me imaginé entonces es que en el mismo pack entraría que yo también sería para ella. Y a ver cómo se combina eso entre dos personas que quieren su libertad entera. Bonita tarea la que nos impusimos por aprender de lo que necesitábamos. Y en esas seguimos. Las cosas de la pareja están hoy muy crudas por estos parajes. Pese a todo creo que Ángeles y un servidor durante un tiempo dieron la talla.

Al poco de comenzar nuestra andadura como pareja ya nos pusimos en el ensueño de hacer juntos un viaje por el mundo. Ella devoraba revistas de viajes y aventuras, y yo era un aventurero que gozaba de mi libertad en un glaciar, en las calles más cutres de cualquier ciudad o con una moto de enduro bajo el culo. El año en que comenzamos a salir acabé en Bilbo la carrera de Periodismo. Todo empezaba a encajar en ese sueño de los quince años que me desvelara mi hermana mayor. Y Ángeles era la compañera de viaje perfecta. (Además siempre me ha parecido que está muy buena). Qué os voy a contar. Buena química por todas partes. Lo cierto es que tipos como yo los encuentras bajo las piedras en cualquier lugar de Euskadi. Pero mujeres dispuestas a jugársela en un viaje sin dinero por el mundo, currando en lo que se tercie, durmiendo bajo un puente si hace falta, de esas no hay tantas. De todos modos, enseguida nos daríamos cuenta de que no era para tanto, que los límites los ponemos nosotros, con nuestros miedos o nuestros prejuicios, que no hay más seguridad que la que uno lleva dentro. El tiempo dio la razón a nuestra inocencia, a nuestra ingenuidad próxima al candor, ésa que tuvimos que tener para atrevernos con semejante aventura.

Ese mismo año vendí el Relayer, un pub donde trabajé como d.j. durante siete años, compramos un Land Rover Santana de cuarta mano, uno de esos largos, y nos pusimos en el empeño de prepararlo para su cometido. No necesitábamos un súper motor ni un súper nada, nos bastaba con un hierro que no nos dejase tirados. Así que empezamos a buscar patrocinadores. Primero fueron los buenos de Xabide, una cooperativa vasca dedicada a la gestión cultural, de quienes recibimos el primer apoyo. Nuestro máximo agradecimiento a Mertxe y a Roberto, De ellos obtuvimos el excelente proyecto que llevamos bajo el brazo durante cuatro largos años pero fructíferos, los que necesitamos para organizar la expedición Francisco de Vitoria alrededor del mundo. Después entró en el patrocinio Carrocerías Botta, que nos dejaron el carro como nuevo por fuera, y los de Tapicerías Gonher que hicieron lo propio por dentro. Luego de un año de conversaciones con el tipo más auténtico de la época si hablamos del patrocinio de viajes en Land Rover, Paco Sánchez, conseguimos la colaboración de Land Rover Santana. Antes, nos había pedido que pusiéramos un motor nuevo. Y así lo hicimos. Para ello tuvimos que recurrir a nuestro amigo Juan Antonio Señor, entonces futbolista del Zaragoza. ¡Juan, majo, me puedes dejar un millón de pelas! Él conocía bien nuestra intención. Y sólo nos pidió que le informáramos de aquellos lugares donde los niños sufrieran especialmente. (Amigo Juan, espero que en parte te hayamos pagado con “El universo existe por amor”, nuestro primer libro de relatos, y en lo que respecta al millón de pesetas que te debo, querido amigo, confío en pagártelo pronto). Todo lo que pedimos a Santana  -revisión mecánica a fondo, un winchy, el filtro aéreo, seis focos especiales, una buena baca y suficientes repuestos- nos lo pusieron en Madrid. Allí estuvo “Janfri” durante un mes. Este paso significaba un punto de inflexión importante para la expedición. Ya no había marcha atrás. Después llegarían las negociaciones con Michelín para obtener seis neumáticos, los mejores del momento. La carpintería Flanker y la familia Corres nos forraron con muebles el interior del vehículo, toda la parte trasera -laterales, fondos y hasta en el techo-, de madera ignífuga e hidrófuga (nuestro mejor recuerdo para el amigo José Cruz, fallecido recientemente). El Land Rover había mejorado mogollón en todos los aspectos. Luego vendrían la tienda de campaña que iba sobre la baca, los rótulos y el patrocinio de seguros Lagun Aro gracias a Gorka Knörr. Lo nunca soñado: partiríamos con un seguro que incluía el robo del vehículo.

Todo estaba preparado.

Ya teníamos en la mano los pasajes de avión para nosotros y los del barco para el todo-terreno. Disponíamos de todos los documentos en regla, de las vacunas estrictamente necesarias, del ingente papeleo en aduanas para el traslado del vehículo y su carga.

Todo estaba listo.

Sólo faltaba un pequeño detalle, luego de cuadrar las cuentas: ¡estábamos sin un puto duro, joder!…

“No pasa nada, cariño, no llores” –intentaba consolar a mi compañera el 6 de julio de 1990, el día de nuestra boda-…  Luis Rivera, mi cuñado, que pasaba entonces por allí, vio las lágrimas de su hermana. “No te preocupes bonita, que yo os dejo lo que necesitéis” –nos consoló el majo de Luis-.

Y bueno, con su dinero partiríamos mes y medio después: medio millón de pesetas.

Antes, el 13 de agosto de 1990, el Land Rover de la expedición había embarcado en el puerto de Santurtzi, Bizkaia, con rumbo a Nueva York.

El 26 de agosto de 1990, la pobre Kenya dopada en una jaula, nuestra compañera bóxer, con nuestra familia despidiéndonos en el aeropuerto de Barajas, volábamos a cumplir nuestro sueño.

Estábamos súper atontaos.

Nos dimos la mano.

Nos miramos con la milirrubina en los zancajos.

Y rompimos a reír, felices como dos niños.

En medio del océano nuestro Land Rover viajaba con un rótulo muy especial en cada lado, el lema de la expedición: “Para la unidad de los pueblos”. A Nueva York nos dirigíamos. De allí quisimos partir, de Naciones Unidas precisamente, para llamar la atención sobre una institución que sirve para que nada mejor pueda existir…

 

 

 

   ¡Esto parece que ha empezado, nena!  

    ¡¡¡Uyyyyyyy, qué güaaayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!!!

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~ por Iñaki Etxebarria en 21, septiembre 2008.

2 comentarios to “Preparativos de la expedición Francisco de Vitoria. Capítulo 1”

  1. Como me ha llegado este primer Post que has escrito.
    Tal vez, por algunas similitudes:
    Tu y angeles, y 22 años de vida juntos, como Marce y yo: 23 años juntos.

    Muy parecida sentí la descripción de Angeles y Marcela.
    Podría extenderme en porqué, solo sintetizando es una mujer de las que no se encuentran, que uno cree que no existe, pura garra, pura desición, empuje, luchadora, mas buena que Lassie y mas mala que un dogo si me tocan. Y muy sensible con los chicos y los ancianos.

    El Land Rover de ustedes, siempre quisimos tener uno y viajar, yo había planeado antes de conocerla un viaje desde Tierra del Fuego a Washigton, con un amigo que fallecio, no lo pudimos realizar, quedo en la gaveta de las asignaturas pendientes.

    Vayan mis respetos a la persona que fallecio.

    Tenía razón nomás, fué un Land Rover Defender, yo no había entrado a esta parte del Blog.

    Tu forma de encarar la descripción y en ella la de agradecer es lo que te muestra como persona, como el simbolismo de salir de ´´Naciones Unidas´´, entrecomillado, ya que pienso exactamente igual que vos, o que ustedes.

    Vamos a seguir leyendo mientras podamos este hemoso viaje, y sobre todo los conceptos que estan volcados.

    No creo en las causalidades, y leerte en estos momentos, me hace sentir que se puede. He tenido una vida muy dura y mi animo hoy no es el mejor, pero sabes que: este post, aparte del relato, se convierte una lección de vida Iñaki.

    Un abrazo para ti y para Angeles

    Marcial

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